"De la ciudad-fábrica a la ciudad-global. El caso de Madrid" [Entrevista a Emmanuel Rodríguez]

En esta entrevista tomamos el caso del crecimiento de la ciudad de Madrid, desde los grandes desarrollos de los años 40-60 hasta los nuevos suburbios contemporáneos, para abordar la reflexión sobre los modelos de ciudad, desde la ciudad obrera o ciudad fábrica hasta la metrópolis global, conectada a los grandes flujos financieros, y discutir los procesos que en ellas se abren, nuevas formas de segregación, nuevas ecologías urbanas, fugas y resistencias.

Emmanuel Rodríguezes autor de “El Gobierno Imposible. Trabajo y Fronteras en la metrópolis de la abundancia” [Traficantes de Sueños, 2003], y puede leerse su último artículo en la revista Archipiélago nº62, “Ecología de la Metrópolis. Algunas notas para un programa de investigación”.

:::Ejemplos ilustradores de la ciudad-fábrica, y casos de estudio significativos en Madrid.

El concepto de ciudad fábrica es muy lábil y realmente no se ha teorizado nunca en profundidad. De hecho, este concepto viene del obrerismo y de determinadas corrientes de la sociología industrial, que por extensión de los estudios sobre lo que se llamó “el fordismo” entienden que, alrededor de esas grandes fábricas de los años cincuenta y sesenta, alrededor de las industrias de los bienes de consumo, se producen una serie de desarrollos urbanos absolutamente salvajes y homogéneos, especialmente en los países industrializados. El término fordismo viene por Ford y el automóvil como la industria canónica. Por lo tanto, la ciudad fábrica sería más bien la ciudad organizada en torno a las grandes industrias, no la ciudad como dispositivo de producción sino más bien como esa ciudad obrera que aparecía alrededor de la fábrica. Como tal es un modelo ideal que, sin embargo, tiene concreciones y expresiones que explican desarrollos urbanos muy intensos, por ejemplo, en este país, todo el despliegue de los cinturones industriales de las grandes ciudades como Madrid y Barcelona y sobre todo también los casos de industrialización reciente como Vigo, Valladolid, Pamplona… que podían considerarse como un reflejo también de ciudades como Detroit y Turín: ciudades de monocultivo industrial especializadas en la industria del automóvil.

En estas ciudades, se dan dos procesos que no son correlativos: por un lado, unos flujos migratorios tremendos, en el cual la industria funciona como atractor, y por otro lado, un intento de respuesta institucional a esos flujos incontrolados y caóticos. Esta respuesta en caso español se da a través de una serie de leyes y de políticas de construcción pública, viviendas protegidas, poblados dirigidos y otra serie de tipologías. En Madrid uno de los casos señeros es el de los poblados dirigidos, donde se construyen doce poblados de tipo piloto, en realidad poblados de absorción de esos flujos migratorios. ¿Dónde se alojaba toda esa gente al llegar a la ciudad? Lo hacían en los barrios obreros, barrios populares en el caso de Madrid, como toda la zona vieja de Vallecas y Tetuán, pudiendo ser en régimen de alquiler, o dentro de un proceso simultáneo de autoconstrucción salvaje en todo el arco de Orcasitas, el Pozo, las Palomeras… ¿Cuál es la respuesta institucional? Como quiera que esa población no se podía acceder a la vivienda a través del ahorro privado, se inventan políticas de apoyo y financiación a la construcción de vivienda pública en régimenes muy diversos, en algunos casos consistía incluso en regular simplemente la autoconstrucción. En estos poblados se construían bloques y luego lo que se llamaba la vivienda de domingueros, viviendas modestas que la gente construía en el tiempo de los fines de semana, y que eran como chalecitos muy humildes (entre chabolas y casas bajas), y donde simplemente se pagaban los materiales y se prestaba la ayuda de peritos y demás...

En algunas películas de los años sesenta se refleja esta situación bastante bien, se construía con la ayuda de la familia y los vecinos del pueblo, porque en eso además las tácticas de inmigración, como ocurre ahora, era que acudían cinco o seis familias que se asentaban y el resto del pueblo iba llegando a posteriori. En el caso de Madrid es demasiado grande pero hay por ejemplo casos de pueblos enteros de Andalucía que se desplazan a Barcelona y construyen allí, quedando pueblos de Almería por ejemplo, totalmente desiertos. Se produce un éxodo masivo y brutal. Es curioso como el régimen de inmigración en Madrid se produce de esta manera: el sur y el este acogen a extremeños, castellanos manchegos y andaluces, y el norte es de la meseta norte, y también de asturianos, gallegos, e incluso vascos. Esto se debe a una cuestión de comunicaciones y de ingresos, la inmigración que provenía del norte tenía rentas algo mayores, se trataba de labradores y agricultores con algunas tierras que podían vender, mientras que el sur se trataba de jornaleros, expulsado del latifundio en ocasiones por una persecución política nada disimulada.

Desde el Madrid histórico cuando se crea la capital sobre un poblacho, y en torno a la Corte se crean una serie de servicios, y en torno a ellos toda una serie de población flotante, que malvivían como podían, lo que se llamó la Corte de los Milagros, el Madrid de Lope de Vega, ese Madrid parecido al Londres de Shakespeare…aquí no ha existido una oligarquía ni una burguesía de la ciudad que con nombres y apellidos se pudiese imponer o fuese reconocida por el resto de la población, era mucho más caótica… Y cómo se formó la ciudad desde un principio…, fue desde una absoluta provisionalidad porque nadie daba crédito a la capital pudiese permanecer por tiempo aquí, puesto que era una decisión gratuita si se quiere, aquí no había nada…

Retomando entonces… La política institucional de estos años es en principio muy ambivalente, son los años 40, cuando empieza la primera inmigración, fuga económica del campo más paupérrimo donde no había casi que comer (los jornaleros del sur). En ese punto la política del régimen es feroz. Aunque las primeras intervenciones se habían producido en la época previa a la guerra, con un crecimiento de Madrid muy fuerte, en estas dos zonas: el eje de Vallecas y el eje de Tetuán, es decir, de cuatro caminos al norte y del puente de Vallecas al sur. Contra eso, la política del régimen en los años cuarenta es feroz, en algunos casos se producen fenómenos de expulsión directa y de realojo. Es el caso de la Ventilla, donde se construyen viviendas a principios de los 50 destinadas a los expulsados procedentes de Ventas, donde se iba a realizar una obra pública, y a los cuales cogen en camión una noche y la llevan directamente a esta otra zona. Era una política de saneamiento, de hecho, el primer plan general de Madrid del franquismo, el plan Bigador, un plan del que, por otra parte, he oído bastantes elogios en las escuelas de arquitectura, era un plan de talante salvaje, de segregación brutal, de tipo neorrural, al gusto más propiamente fascista. Según este plan el centro de Madrid iba a ser convertido en centro burgués, funcionario, estableciéndose una serie de ciudades satélites separadas por un cordón verde que serían las ciudades industriales donde se iba alojar a toda esta gente que llegaba. Pero el problema es que esa inmigración supera toda previsión, aumentando durante los cincuenta y convirtiéndose en masiva en los años sesenta, situación ante la cual el régimen prácticamente no sabe reaccionar, adoptándo una política de guerra contra esta población: dominan los mensajes obscenos, se hablaba de los tugurios, las cuevas… una terminología higienista. El higienismo es corriente en el siglo XIX que tuvo una doble vertiente: de moralización, más filantrópica en sentido burgués, y otra interpretación más reaccionaria. Es un problema que se presenta en toda la literatura del siglo XIX, donde se combate contra la miseria moral; ese hacinamiento de las poblaciones inmigrantes va acompañado de regeneración moral, y sobre todo, de un problema político porque es gente que luego se sindica y protagoniza nuevas formas de conflicto.

:::El papel del urbanismo en la configuración de la ciudad-fábrica:
¿para quién se construía? ¿qué se construía? ¿para qué se construía lo que se construía?

En los sesenta empieza, pues, esa política de promoción de vivienda pública con un régimen de financiación favorable para los inmigrantes, y con el recurso al crédito. Uno de esos dispositivos institucionales que estudié en su momento es este de los poblados, existían distintas modalidades, uno eran los poblados dirigidos, con viviendas un poco mejores, y luego había otros, como eran los poblados mínimos, y los poblados de absorción, y lo que se llamó las unidades vecinales de absorción, las UVAS, que eran viviendas de carácter temporal, de alojamiento rápido de toda esta población. Aunque luego de temporal tuvieron poco…Dos cuestiones, entonces: un urbanismo de tipo autoconstruido, que es el chabolismo, y del otro lado la política institucional de vivienda pública que va a rastras del problema, y que al final, y esto es lo curioso, se moderniza y se convierte en algo similar a lo que podría ser la política de vivienda en otros países europeos con respecto a esta inmigración, ya convertidas en transnacional. La inmigración que venía de Europa del sur a Europa del norte, de España, Italia y Portugal hacia Alemania y Francia. Las políticas europeas a las que me refiero son las de los “HTML” franceses o los “states councils” de Gran Bretaña, que se hacen sobre principios racionalistas, viviendas temporales, con aprovechamiento del suelo en grandes alturas y zonas verdes. En España el paralelo son estos poblados que en ocasiones son encargados a arquitectos de renombre, tales como Sainz de Oiza y Vázquez de Castro… (orcasitas, fuencarral , carabanchel, caño roto, los almendrales, san fermín, pegados al rio, y todos fuera de la M30 en el viejo Madrid de extramuros…)

Independientemente de que los poblados dirigidos fueran de promoción pública y del urbanismo marginal de tipo autoconstruido, existen una serie de similitudes de tipo cultural y social en este tipo de espacios, y es que por un lado son espacios prácticamente huérfanos, vacíos, sin ninguna densidad histórica, cultural, simbólica, no existía poso alguno. Barrios sin infraestructura, excepto en raras ocasiones la más básica: alcantarillado, alumbrado, asfaltado… y son barrios además que permanecerán así durante tiempo. Luego la promoción privada con ese régimen de condiciones favorables también se anima a construir grandes espacios, es el caso de todo San Blas, siempre con una tipología casi una única de vivienda de bloque abierto con jardín alrededor.

La concreción entonces de la ciudad fábrica en Madrid es de alguna manera toda esa periferia del municipio y luego en los primeros setenta, el crecimiento de la primera corona metropolitana, Alcorcón, Móstoles, Getafe, Alcalá… donde también encontramos este tipo de vivienda urbana con este tipo de morfología urbana que hemos descrito, y generalmente, además, muy abandonada y homogénea. Sobre estos espacios se puede decir que esa política institucional que intentaba controlar el flujo migratorio y asentarlo darle un régimen de integración (pero siempre en esa posición subordinada) fracasa. Fracasa estrepitosamente en cuanto a que el ciclo de luchas se extiende inmediatamente a los barrios.
:::El nacimiento del movimiento vecinal y las luchas de la transición

Desde finales de los 60 empieza a haber comisiones de barrios que nacieron como las comisiones obreras, y que enseguida se amparan en las asociaciones de cabezas de familia... Serán el embrión de las asociaciones de vecinos. Amparadas en la ley de asociaciones de 1968, se convirtieron en asociaciones de vecinos reguladas. Sobre ese paraguas legal se construyen las primeras asociaciones de tipo vecinal. A partir de ahí el proceso es paralelo en toda Europa, las reivindicaciones eran muy parecidas, se podría decir que eran casi canónicas: dotaciones para el barrio y vivienda. Los primeros conflictos fuertes se producen en los barrios chabolistas, autoconstruidos, que en cierta medida se convirtieron en la vanguardia del movimiento vecinal, donde, ante la amenaza de un nuevo proceso de expulsión ya en los años 70, incluso entrados en el periodo democrático, se generan grandes conflictos frente a la posibilidad de nuevos desarrollos urbanísticos, en meseta de Orcasitas y en El Pozo, donde los antiguos propietarios del suelo podían exigir la expulsión de las familias instaladas allí para la realización de los planes parciales de desarrollo. En ese contexto, al igual que en la fábrica había habido un proceso de valorización social, política, y cultural, en la maduración del movimiento vecinal los sectores de clase media de corte progresista más inquieto encontraron en la fábrica y en el obrero una figura casi mítica, en la cual apoyarse y desde la cual combatir. Hubo un proceso de proletarización muy fuerte en el cual estudiantes universitarios se marcharon a los barrios, es el caso de Paca Sauquillo en el Pozo o Palomeras, por ejemplo.

Igual que a la fábrica acudieron universitarios de todo tipo, éstos también llegaron a los barrios, incluso los curas obreros que lideraron el proceso de El Pozo. Esto sumado a los propios procesos de autoorganización de los inmigrantes, que reaccionaron frente a un espacio huérfano y vacío, desierto en términos culturales y sociales, sin ningún depósito en lo que se refiere a la memoria de la ciudad, y que como nuevos colonizadores habían intentado arreglar algunos de lo problemas más básicos que se les presentaban, tipo la recogida de basuras, con vertederos comunitarios, alumbrados mínimos, una estructura de apoyo mutuo basada en relaciones o herencias de paisanaje de los pueblos de origen (supongo que como ahora ocurrirá en buena medida en las ciudades de América Latina) y que dan lugar al nacimiento o reproducción de pequeñas tradiciones culturales. Por ejemplo, en la meseta de Orcasitas se inventan un patrono propio que sacan en los pasos de Semana Santa reproduciendo la vida del pueblo. En este contexto de mezcla de inmigración, algunos expulsados del centro y nuevos evangelizadores de tipo religioso o político, se organizan esas primeras asociaciones de vecinos y ese primer proceso que comienza con reivindicaciones muy básicas, pero que en los lugares amenazados de expulsión se convertirán no sólo en reivindicaciones de infraestructuras y servicios básicos sino en una lucha, frente a los primeros ayuntamientos democráticos, por la vivienda y por el compromiso de reconstrucción de esos barrios precarios, alegando la existencia de una deuda histórica del resto de la ciudad respecto a estas periferias. En estos barrios la mayoría de los empleos provenían de la construcción, pues eran los primeros empleos, empleos informales de fácil acceso, mientras que áquellos que lograban pasar a la fábrica podían optar más fácilmente a un piso de promoción privada. El régimen de vida en estos lugares era terrorífico, en Orcasitas por ejemplo, con los suelos de arcillas expansivas cuando llovía se quedaban incomunicados y hubo casos de gente que se ahogó en al barro. De hecho, como el transporte público no llegaba hasta allí, uno de los primeros negocios que surgió fue el del transporte con camionetas, hubo gente que murió por caminar por la vía del tren cuando acudía al trabajo, y son cosas que se conservan en la memoria del barrio, tampoco existía ni agua corriente ni potable y la gente acudía a las fuentes y a los baños públicos del centro…en estas condiciones estos barrios inician en los 70 una lucha que no persigue sólo la mejora de las condiciones sino que reivindica la vivienda misma, y que es un movimiento de orden más fuerte en términos cualitativos y cuantitativos, y que desemboca en el Madrid de los 80 en la operación de remodelación de barrios.

Ese momento es un momento importante de crisis y depresión del sector de la construcción donde el ayuntamiento se ve presionado a iniciar un proceso de reconstrucción total, en el caso de los barrios autoconstruidos, derribar y sustituir las chabolas, y en los poblados temporales demoler las edificaciones en mal estado para construir otras más sólidas. Esta operación es curiosa porque a parte ser la gran conquista del movimiento vecinal en la ciudad, no tiene prácticamente parangón en Europa, fue una operación de enormes dimensiones, de 65000 o 70000 viviendas, es decir de cerca de 200000 personas, para un municipio que entonces contaba con tres millones de habitantes aproximadamente, y que es un porcentaje importante de la propia ciudad en la que se acoge. A esta operación de remodelación se incorporan barrios que en principio no habían tenido un tejido vecinal fuerte, pequeños espacios, como Chamartín, donde la población chabolista era casi toda de etnia gitana, en cierta medida hay como un apoyo institucional que arrastra a nuevos barrios en una operación prácticamente de realojo, que no resulta dirigida por los vecinos. En los lugares donde tuvo más importancia (Palomeras, Orcasitas) sí que los vecinos llegan a controlar todo el proceso de reconstrucción de las viviendas, teniendo técnicos propios, procedentes de los partidos políticos por esa hibridación que antes he citado entre los inmigrantes de segunda generación y la gente procedente da la universidad y de los partidos políticos de extrema izquierda como la ORT, el MC y el propio PCE. Se construyeron maquetas a tamaño natural de cómo querían que fuesen las viviendas, votaciones populares de cómo querían los servicios, bajo ese ideal de tipo comunista, al tiempo un poco ambiguo, como pequeñas centrales térmicas que permitiesen ahorrar en términos energéticos y de consumo.

¿Qué fechas son? Las luchas fuertes por estos motivos empiezan en el 75-76 y van creciendo superando incluso al momento álgido de las luchas de fábrica, y es en el 79-80 cuando aún con un gobierno de la UCD se firman los primeros acuerdos. Ése es su punto máximo, a partir de ahí comienza el proceso de decadencia, aunque el proceso de remodelación de barrios finaliza sobre el año 86-87-88, la decadencia empieza tras la firmas sobre papel de los primeros acuerdos. El movimiento se agota por varias razones. Una razón importante es de tipo político, buena parte de estas asociaciones de vecinos tenían unas juntas directivas (y es aquí donde entra la herencia ambigua que dejó esa hibridación entre obreros inmigrantes y profesionales) formadas por cuadros pertenecientes a los partidos políticos, la mayoría del PCE y algunos del PSOE, y otros dominados por partidos de la extrema izquierda con tensiones internas muy graves. Con el nuevo gobierno socialista estos militantes entran a formar parte de los equipos de gobierno y se convierten en correas de transmisión amable, ya no sólo de los partidos sino del propio gobierno. Pero ésa no es la única razón de la decadencia porque podría haber existido un movimiento de reactivación o remodelación interna de los movimientos vecinales, la razón más importante es la crisis económica que produce una devastación enorme sobre estos barrios. En términos no sólo de paro, sino de que la segunda y tercera generación de este movimiento se encuentra sin mecanismos de activación política adecuados, con una gran falta de expectativas en el terreno laboral y en terreno político y cultural. Se trata de un momento de pacificación, donde se impone una ausencia de conflicto enorme, y que finalmente provoca un ciclo de autodestrucción, que se puede decir además que en algunos casos es bastante consciente, y que viene acompañado de la heroína. En esos años llega a haber medio millón de toxicómanos en los barrios de las grandes ciudades, dando lugar a una generación devastada, es la gente que tendría hoy 35-40 años y que se ve arroja da a un nuevo tipo de marginalidad. Es una generación aniquilada, que llega a desaparecer de los barrios, son los hermanos mayores de gente de Getafe, Leganés que prácticamente han muerto todos por la droga, en el trullo, por el SIDA, etc…Entonces en estos barrios, mientras la generación joven desaparece, la generación mayor que había liderado en su día ese movimiento vecinal se ve arrastrada por un peculiar proceso de implosión, buena parte de la misma, asentada, con su casa, pero con tensiones muy grandes en los barrios, debido a la deliciencia y la falta de seguridad; es la época del Litri, el Vaquilla, el Nani, de la nueva criminalidad, de gente que se queda fuera, sin inserción, porque fuera de la fábrica ya no hay expectativas, ni laborales, culturales, sociales…este proceso dura hasta incluso los años 90. Este proceso de implosión y degradación social es tanto más fuerte en los barrios en los que el tejido asociativo vecinal era más débil: se forman patrullas ciudadanas contra los propios toxicómanos, se reavivan fuertes conflictos con las minorías gitanas; y en donde el tejido si que era más fuerte las estrategias de defensa que se establecen son de tipo asociativo, formando cooperativas laborales: por ejemplo en meseta se organizaron talleres textiles porque consiguieron que la asociación de vecinos se convirtiese en un centro vecinal, otras iniciativas son ciclos de formación, cooperativas de limpieza y de servicios para el barrio… y aunque aguantan la crisis mejor que otros barrios estas iniciativas no prosperan y también sufren la degradación del tejido asociativo.

A finales de los 80, superada la crisis, todo el proceso de reconversión industrial y la llegada de un nuevo ciclo económico, la gente de estos barrios consigue mejorar su empleo, tener sus casas, pero todo el tejido asociativo y la reivindicación de “todos a una por la vivienda” se rompe. Las familias de estos barrios se convierten en carne de cañón para los servicios públicos de asistencia, que sirven en buena parte de mecanismo de control social. Se da lugar a una población de nueva marginalidad ubicada en Pan Bendito, El Pozo, Vallecas, San Blas…

Esto sería en resumen todo el ciclo de la ciudad-fábrica en términos políticos y sociales en el caso de Madrid, aunque habría que hablar también de toda la corona metropolitana donde se suceden procesos parecidos, como La Fortuna en Leganés, Reyes Católicos y Venecia en Alcalá de Henares, el centro de Getafe…que son sitios que si bien están dentro de una homogeneidad tipológica grande, son barrios que recogieron estas arribadas y se convierten por ello en barrios estigmatizados.

Pero hay otros ejemplos de ciudades fábrica ejemplares como Detroit: en esos casos los procesos son bestiales y peores que en Madrid, sobre todo en aquéllas de monocultivo industrial. Al fin y al cabo de Madrid no se puede decir que haya sido una ciudad-fábrica canónica en cuanto a que era la capital del estado, y además de todas las administraciones siempre tuvo una economía de servicios bastante grande para toda esta población. Todo este proceso de industrialización afecta fuertemente en los años 60 y 70 pero en general siempre ha sido una ciudad con una economía más diversificada. Barcelona, por ejemplo, tiene unos años 80 que quizás no sean más duros que en Madrid pero que en términos de reconversión, como en Bilbao, o Gijón, si que son mucho más radicales. En Detroit, simplemente desaparecen las industrias del automóvil y la población empieza a disminuir; el proceso de degradación social es gigantesco. De hecho, no es casualidad que sea Detroit unos de los primeros focos donde aparecen culturas de resistencia y nuevas comunidades juveniles como el rap y el hip-hop, un ejemplo correlativo es el heavy en Madrid, mucho más que el punk, y todo el imaginario de rechazo hacia los pijos… pero en las ciudades como Detroit el proceso de degradación es total, como las fotos que aparecen en el libro de Rem Koolhas, Mutaciones, de quema de viviendas vacías de barrios totalmente despoblados. En las ciudades americanas este proceso de degradación es aún más fuerte porque se acompaña de un proceso de suburbialización de huida de la ciudad, en el cual todas esas zonas ligadas a la industria y a un primer centro, se abandonan y es como si prácticamente todo Madrid, dada la escala americana, se quedase vacía para situarse en otro punto, dando lugar a una city financiera, mientras el centro y la primera periferia se convertirían en zonas devastadas, además allí no se registran procesos de organización y conquista vecinal como aquí.

Huyendo del centro como un lugar hostil…sobre todo las clases medias.

:::La génesis de la metrópoli o de la ciudad global…

Hablar de la metrópoli en contraposición a la ciudad-fábrica es complicado. Los primeros que teorizan sobre ella en términos sociológicos son La Escuela de Chicago, en los años 20. Allí se forma un departamento de sociología urbana, siguiendo la estela de George Simmel, y de "La filosofía del Dinero", (autor que tiene unos ensayos pequeños sobre la vida en las grandes ciudades muy bonitos) que en sus investigaciones encuentra un registro de crecimiento urbano todavía industrial, totalmente industrial en el caso de Chicago, pero que adolece de una complejidad por las dimensiones y por la heterogeneidad de ese desarrollo que responde a una nueva lógica, una lógica de carácter metropolitano. Estos investigadores realizan una serie de estudios sobre el tipo de vida americana, en los guettos y en los suburbios, de zonas oscuras, medio lumpen, un redescubrimiento a la americana de esa ciudad gris, por decirlo de alguna manera, que aquí en Europa tenía sin embargo varios precedentes, el París decimonónico, el Londres del s. XVIII…ciudades grandes que se habían convertido en grandes aglomeraciones de población respecto a su época, concentrando grandes riquezas, y que hacen alusión a nuevas formas de vida, desde el buscavidas a la bohemia. Esta es una visión del término de metrópolis no tanto desde un punto urbanístico sino más bien cultural o sociológico.

Esa ciudad del post-capitalismo industrial entrañaría dosis de complejidad mucho mayores de las que podíamos imaginar en la ciudad industrial, en donde el régimen de producción de espacio venía dado por esos flujos migratorios, ese urbanismo marginal y esa respuesta institucional, y en donde el tipo de conflictividad que se generaba estaba muy asociada a la lucha de fábrica. Al fin y al cabo el centro de esa ciudad era la fábrica más que la propia urbe, de ahí que tantos estudios que se han hecho como los de Lefrève, los propios de situaciones, hablasen de que la ciudad industrial era como la anti-ciudad. La metrópoli sería así como un redescubrimiento de lo que había sido la ciudad como lugar complejo y lugar de diversidad enorme e irregulable.

Los estudios de la escuela de Chicago se basan en una inmigración que es de tipo transnacional, que añade una nueva dosis de complejidad, que no sólo es la del empleo sino también la de la procedencia, se hacen estudios sobre los barrios de inmigración de Chicago, los barrios negros, de esa inmigración interna dentro de Estados Unidos que va de los estados del sur a las ciudades industriales, y de los regímenes de alojamiento, etc…Citar entonces la transición de la ciudad fábrica a la metrópolis es como nombrar ese proceso en el cual el nuevo crecimiento de la ciudad no se explica solamente porque sea un lugar idóneo para acoger economías de escala de tipo industrial, sino porque se convierte en un espacio productivo en sí mismo, es decir que las propias relaciones internas que se producen en la ciudad se traducen en economía de servicios y de otro tipo que se prestan a la producción. Ese nuevo régimen de jerarquía urbana de la ciudad, se establece de manera, pues, muy diferente a lo que había sucedido anteriormente. El libro quizás de referencia en torno a este tema sea el de Saskia Sassen, Ciudad Global, que es un intento de estudiar las dinámicas urbanas que se han producido en los últimos 30 años después de la fractura fuerte de los 80, a través de lo que han sido sus centros directores, por qué de alguna manera ciudades como Tokio, Nueva York o Londres se han convertido en centros directores del mundo, que sin embargo tampoco se pueden identificar directamente con lo que son sus gobiernos, es decir, con sus estados nación. Se explica cómo el nuevo éxito de las ciudades depende de su posición en ese nuevo sistema urbano internacional. Los sectores estratégicos serían asentamientos de industrias de alta demanda, es decir, de tipo tecnológico sobre todo; los servicios a la producción, todos ellos en su mayor parte inmateriales; sistemas de formación de nueva clase profesional cualificada, y todos los estímulos que necesita esa nueva economía global, la publicidad, la abogacía, la gestión, el markenting, las consultoras… y por último el propio asentamiento de esas grandes corporaciones, transnacionales, en las grandes ciudades, instalando sus centros directores, un tipo de sector terciario que se ha llamado "decisional". Estas ciudades se convierten así en los primeros centros financieros del planeta, empresas de todo el globo intercambian en sus plazas financieras la compra-venta de títulos de propiedad, de tal amanera que lo que son los sectores de innovación financiera se sitúan también en estas ciudades globales.

Si miramos a las ciudades del estado español a través de esta nueva jerarquía urbana encontraríamos que la única que se ha colocado en lo que sería ese segundo nivel después de las grandes metrópolis, es Madrid, luego Barcelona y luego Bilbao o Valencia, que ocuparían como un tercer o cuarto rango. ¿Por qué Madrid? A parte de ser la primera bolsa de trabajo del país, es el principal lugar de asentamiento de las transnacionales, tanto de las extranjeras como de las de origen español. La relación de porcentaje es, además, bastante alto con respecto a otras ubicaciones. Madrid es también el principal espacio receptor de inversión extranjera directa, en torno al 70% del todo el estado, y en lo que se refiere a la innovación, no tecnológica pero sí social, y a todo el conjunto de servicios añadidos que antes citábamos, servicios a la producción: publicidad, industria cultural…también tienen en Madrid su principal centro. Para entender un poco la escala de la situación, muchas de las industrias que instalan en Madrid sus sedes lo hacen para toda la Península Ibérica y en ocasiones para toda Europa meridional. Por ejemplo, tomando un caso concreto, el las huelgas de grúas contra las aseguradoras, este conflicto estuvo a punto de extenderse a Portugal porque son aseguradoras que están instaladas en Madrid. Paradójicamente el radio de influencia de la ciudad es mayor que el del propio estado.

Esas otras ciudades, en una posición un tanto inferior, tendrían dos tipos de registro: primero como centros turísticos de tipo cultural, por ejemplo las operaciones recientes de Barcelona exportándola como una ciudad multicultural, o el caso de Guggenheim o del Kursaal de Donosti, todo eso se mide en ese régimen de competencia; y en segundo lugar como centros logísticos se segundo orden en la redistribución de mercancías, en lo cual también existe un régimen de competencia feroz. Está por un lado el súper puerto de Bilbao, el súper puerto que quieren hacer en Donosti, el súper puerto de Valencia y la operación del Prat de Barcelona, todo eso en marcha para convertirse en centros de redistribución para toda una fachada peninsular. Barcelona compite ahora por acaparar desde Cádiz hasta Génova, y Bilbao de manera similar en la fachada atlántica. Esas son algunas de las estrategias que se están llevando a cabo para situar a la ciudad en ese nuevo marco, en donde la globalización ha animado un régimen de competencia entre territorios. De este modo, no se establece simplemente una competencia de tipo industrial con la deslocalización de algunas de estas industrias hacia lugares de producción con menos costes (sureste asiático y magreb), sino una competencia por alojar en ellas centros decisionales, con la consiguiente paradoja de deslocalización de la producción y concentración de las decisiones.

Estamos hablando de modelos que habría que precisar con algunas otras tendencias, por ejemplo en Madrid se ha producido, a mi entender, desde los años 80, una tendencia creciente de suburbialización, que por el hecho de ser una ciudad latina se mitiga un poco, pero que es una tendencia de huida o negación de la ciudad, sobre todo en el caso de las clases medias profesionales, y que ha provocado desarrollos devastadores ecológicamente en el caso de la sierra: el crecimiento desaforado de Aravaca, Las Rozas, Villalba, El Escorial, Colmenar Viejo, y el desarrollo de pueblos de segunda residencia que acabarán siendo de primera, Galapagar, Morarzarzal…y que suponen además procesos de privatización real de los ecosistemas más valiosos del área metropolitana. Estos desarrollos mediante urbanizaciones ideales de chalets se componen al margen y de manera parasitaria del resto de la ciudad. Un proceso que se ha convertido casi en norma para otros desarrollos urbanos más recientes, orientados a una población diferente a la anterior clase media profesional, que es una nueva clase media emergente del sector servicios pero con niveles de cualificación quizás inferiores, o para una población trabajadora en la industria pero más asentada: sector tres de Getafe, de Parla a Toledo, carretera de Valencia con Rivas, el corredor del Henares…Es decir que surge un nuevo modelo para buena parte de la población, con modos de vida más familiar, espacios segmentados…y que curiosamente se extiende a lo que habían sido las viejas poblaciones obreras, del cordón industrial de Madrid. Ese modelo de vida familiar donde el lugar de vida y el de ocio aún separados ampliamente están de alguna manera normativizados para convertirse en espacios perfectamente rectores y acordes con este nuevo estilo de vida, negando la antigua idea de bullicio asociada a las grandes ciudades.

:::Formas de ejemplares de territorialización metropolitana a diferencia de las formas de territorialización obrera.

Asociado en este desarrollo suburbano está el desarrollo de infraestructuras de servicios y ocio, que no va forzosamente ligado al modo de vida del chalet unifamiliar y que podemos encontrar también dentro de la ciudad, en viejos barrios. Es el caso de los grandes centros comerciales que tomaron como modelo de referencia La Vaguada, el primero de ellos y bastante discutido por la asociación de vecinos, y que luego se han ido modificando a la americana, modificando también los comportamientos de vida, las pautas de relación vecinal de las propias comunidades que allí residían, incidiendo aún más sobre este proceso de degradación iniciado en los 80. Tendencias individualistas con tipologías de vivienda más cómoda, más amplias, pensadas para habitar en ellas pero con exterior que ofrece muy pocos atractivos, y desde luego ningún poso social o histórico que lo fundamente. Se ajustan aquí muy bien todo lo que fueron las críticas artísticas, o de los situacionistas, o lo que fue la sociología crítica del consumo. Los espacios de ocio son ahora tan escandalosos que son prácticamente una expresión material de ese tipo de críticas, por ejemplo, uno de los primeros que a mí me llaman la atención es el "Heron City" de la carretera de La Coruña, un castillo fortificado con muros opacos de hormigón, donde atravesado el umbral de sus puertas, encuentras un especie de recreación de callecitas de un pueblo de costa, con cierta pendiente, pero únicamente rodeado de franquicias, que recrean la vida urbana en un espacio con ciertas referencias culturales pero controlado y orientado al máximo consumo.

Lo que a mí me sorprende es la complejidad de los procesos que se dan en estas ciudades metrópoli, cómo pueden sucederse de manera paradójica este tipo de desarrollos con este tipo de población y al tiempo querer convertirse en un centro productivo de primer orden. Al tiempo se producen nuevas comunidades o nuevos espacios de vida que son una completa reinvención. Los tres casos más significativos son Chueca, Malasaña y Lavapiés. Barrios que han sido colonizados por especies sociales de nuevo tipo, por formas de vida que se han acercado al barrio para crear un espacio a su medida, rehabilitados, o reinventados absorbiendo al mismo tiempo todo el poso de la ciudad antigua. Chueca como comunidad gay, sobre todo masculina, Malasaña que comenzó por ser el barrio de la Movida madrileña, y que llega hasta hoy como el centro de la música más underground de la ciudad, y Lavapiés con un proceso muy curioso donde la ocupación y los centros sociales han sido parte determinante del resultado, aparte de la inmigración actual y que el propio barrio ya gozaba de personalidad, pues desde siempre fue un barrio muy castizo.

En realidad estos procesos son herederos del proceso antiguo de conflictos que se daba en la fábrica pero que ya no estaba en la fábrica. Esas nuevas formas de expresión juvenil que rechazaban el trabajo y que experimentaban en terrenos nuevos, como la música, la sexualidad, y nuevas formas de habitar la ciudad. Es decir que, sin esos ciclos de lucha, difícilmente estas comunidades que formaban parte de ese contexto hubiesen conseguido fraguar esas voluntades de experimentación nuevas. Chueca se ha convertido en casi el principal barrio gay de europa, y sin profundizar mucho sí que se puede decir que son lugares interesantes, donde se dan procesos que no están contados, lo que no quiere decir que no sean lugares ambivalentes en términos de dominación y poder, y que no se den procesos de normalización; al fin y al cabo toda la comunidad gay es un comunidad de alto poder adquisitivo... pero sin embargo se da lugar a expresiones nuevas, nuevos movimientos, de reinvención de la masculinidad. En Malasaña ocurre también algo parecido aunque menos evidente y localizable, procesos más ligados al espacio de la noche, invención de nueva forma de ocio y relación. Y Lavapiés como un espacio que un momento dado puede significar, aunque de manera un poco folclórica, la realidad metropolitana de hoy día: porque es uno de los principales centros de inmigración de la almendra del municipio, porque desciende de la propia tradición popular del barrio, un barrio castizo, de topografía peculiar, y que se encontraba en la parte de vieja de la ciudad, en la muralla colindante con los barrios chabolistas, como el raval o barrio chino de Barcelona, esto sumado al proceso de colonización juvenil en tanto que los centros sociales defienden una nueva forma de habitar el barrio y se convierten en polo atractor de una nueva población con hábitos asociados a lo alternativo que arrastran bares, teterías, restaurantes, nuevas comercios, librerías alternativas, centro de bio…Estos son, entonces, los tres espacios del centro que tienen esa singularidad.

Luego, por supuesto existen comunidades migrantes con localizaciones como la de Tetuán-Alvarado, una comunidad de caribeños fundamentalmente, en Usera de colombianos, en San Cristóbal de marroquíes y ecuatorianos…que son otros espacios a indagar en tanto que están dando lugar a economías étnicas, sectores de negocio nuevo como los locutorios…y es importante también en cuanto que son el principal componente de crecimiento de la ciudad, Madrid ahora mismo, como metrópoli, tiene un crecimiento súper nova, en los últimos tres años ha crecido en medio millón de habitantes. Sin embargo, cómo reabsorbe la ciudad esta nueva avalancha migratoria en cuanto al habitar, en concreto no lo sabemos bien. La mayoría se alojan en pisos de re-alquiler, está por estudiar este proceso en expansión. Lo que sí es cierto es que este tipo de migración ocupa un nicho laboral que los nativos rechazan de forma masiva, y que, por otra parte, es nuevo, tratándose de un terciario muy poco cualificado, servicio doméstico, hostelería, construcción, pero de peones, …y desde luego, toda la economía informal de la ciudad, desde repartir publicad, a reciclar…A diferencia de la migración masiva de los 60 que forzó por sus dimensiones a tomar en los 80 medidas precisas, frente al fenómeno actual no se observa que haya una actitud consciente de previsión. Hay cálculos de crecimiento de sectores de área metropolitana muy precisos calculados para dentro de varios años, sin embargo en los que se refiere a políticas de alojamiento de esta gente, yo no he estudiado la política municipal concreta, pero parece que no se está teniendo nada en cuenta, que se trata de una cuestión totalmente ajena…continúa habiendo muchas viviendas del centro vacías y se sigue yendo gente del interior a la periferia, en ese sentido, el saldo migratorio es negativo, y lo que hay es un régimen de alquiler y realquiler masivo, población de los barrios obreros que se han mudado a otros lugares, y barrios que quedan así repoblados por otras comunidades.

Este proceso de expulsión y acogimiento continuo de nuevas poblaciones que ha sido constante en la ciudad es más acelerado en Madrid que en Barcelona, en Madrid es difícil encontrar un poso histórico de una determinada comunidad en un barrio, sin embargo en Barcelona sí, por eso hay ese tejido vecinal que alucinas, llegas y están los abuelos allí, con los niños, en Sans por ejemplo…ese cruce generacional aquí no existe. Madrid es mucho más anglosajona que el resto de las ciudades europeas que es lo que la hace al mismo tiempo una ciudad muy moderna, aunque en los peores sentidos del término…Esos procesos de crisis de viejas comunidades efímeras, como la del movimiento vecinal, y crisis existencial como la de droga, y luego reocupación de una nueva población totalmente exógeno, se produce aquí con ritmos feroces.

Nuevas formas de ecología urbana, y los “centros sociales”.

Hablar del Madrid nuevo es hablar de esos procesos complejos, no fácilmente predecibles, de la dinámica inmobiliaria de procesos suburbanos, de las nuevas comunidades en el centro…y que es lo que hace de ella una ciudad apasionante frente a otras donde las vidas pueden estas más regladas.

¿Por qué nacen los centros sociales, y tienen auge sobre todo en las grandes ciudades? ¿por qué se pueden concebir como expresión de una nueva dinámica metropolitana protagonizada por una generación joven aquí en España a partir de los 80? Porque en sí es un hábito de sociabilidad un tanto extraña: okupar una casa; negar el trabajo o conseguir los mínimos recursos a través de un curro informal; y luego adoptar una posición o estética de rechazo frente a la generación anterior, en política la transición, en hábitos culturales, sociales o sexuales, lo que fuese…y a parte de eso, la invención de los centros sociales como espacios culturales que de alguna manera aglutinan a la gente con procesos paradójicos, por un lado expresión de esa negación cultural y generacional fuerte de los jóvenes de mediados de los 80 y los 90, y como expresión de un estilo de vida y subcultura urbana que se afirma fuertemente, pero que dentro de su radicalidad son condensadores de expresiones culturales tremendamente ricas, de ahí surge el fanzine como medio de expresión, para la música, el cine o la política, el ámbito de producción musical underground, el rock radical vasco es eso al fin y al cabo, o el mismo Traficantes de Sueños…y cómo en esos espacios aparecen nuevas formas de sociabilidad que a pesar de las trabas eran relativamente más ricas que lo que se daba fuera. Claro que la ciudad en ese tiempo se ha hecho más compleja, las expresiones culturales y juveniles son cada vez más diversificadas, más masificadas: el hip-hop de la cuenca del Henares, los skaters…Entonces, cómo afrontar o acercarse desde un centro social a ese espacio que es complejo, por las diferentes especies que lo habitan, por el número de expresiones culturales dentro de una misma generación…

Más que formas de resistencia como puede haber mil en América Latina o en las ciudades del Sur, (zonas que han pasado de un millón de habitantes a veinte, como en Laos, Nigeria) de lo que se trataría sería de intentar localizar los procesos que consideramos interesantes porque son emergentes para diseñar cartografías donde se dan formas de agregación que pudiendo ser ambivalentes, son inusitadas, en el ámbito juvenil y más…eso sería importante de cara al centro social, de hecho ya se da con la música y los hackers. Si un centro social garantizase de alguna manera esa apertura a esos procesos de autoorganización, de auto valorización colectiva, y que al ser un espacio abierto permitiese el mestizaje con otros procesos colaterales, de politización y de subjetivación, sería más que suficiente. Yo el centro social sinceramente no lo pienso como una herramienta política en sentido protopartido, sujetos políticos con enorme capacidad de respuesta y de toma de decisiones concentrada en asamblea…aunque no es una opnión verificada, lo veo más como un espacio donde esos procesos de autoorganización metropolitana encuentren allí su desarrollo, como una especie de incubadora de los mismos para permitir luego su salto más allá. Y como lugares de conflicto, sí, pero en este sentido, no tanto como un sujeto o una contraparte al Ayuntamiento en todos los terrenos…No tienen por qué ser movimientos de tipo espontáneo sin una dirección precisa o con un desarrollo no pensado, los procesos de autoorganización pueden ser muy conscientes, pero no políticos necesariamente, en el sentido tradicional, porque gestionan parte de la vida colectiva y crean un común, y que fácilmente pueden evolucionar/involucionar y convertirse en otra cosa: qué son las bandas juveniles, desde espacios de politización juvenil interesantes (mayo 68) a lugares de involución urbana, mecanismos de autodefensa feroz a de criminalidad pequeña…son espontáneos en cuanto a que no tienen un centro fácilmente reconocibles…

Hay también otras experiencias como las cooperativas de vivienda, la FRAMV, o de intervención sobre esa otra dimensión más publicitaria de la ciudad…, pero creo que el centro social es otro proyecto. La FRAVM de hecho lo que primero hace son centros sociales, de hecho SECO tiene un carácter metropolitano con esa comunidad hacker inexplicable que alberga…están en el barrio en una suerte de reinvención extraña del mismo. El centro social como un centro de comunicación. Es más sede de algo que un espacio colectivo, también por donde está localizado…En ese sentido la identidad de ocupa no es condición necesaria para que pasen ese tipo de cosas, al revés, puede ser un bloqueo. Lo bueno que tenía el movimiento okupa es que era tan afirmativo de un estilo de vida que permitía una fuerza bestial para mantenerse ahí…

La otra dimensión del sujeto o del lugar de conflicto en la ciudad. El Labo, un espacio por donde transita una enorme heterogeneidad, tiene sin embargo el problema de un uso parasitario o clientelar del mismo, y de una composición con ese otro que viene de fuera, muy escasa… si de alguna manera tú no dispones de mecanismos que provoquen un común una interacción, un diálogo, ese social que atraviesa el barrio puede ser el social descompuesto del Labo I, o el social cultural del Labo III, pero que no produce un común más sólido, y en ese sentido intensificar unas líneas de trabajo respecto a otras es ser sujeto…¿Qué cuencas de cooperación colectiva investigarías?

Esa sería labor, tener una cartografía muy precisa de los lugares a los que se quiere abrir, vías de entrada o estrategias, aunque sin capacidad de determinar a donde van a dan lugar esos procesos…Habría que comenzar por conocer el barrio donde se sitúa, qué composición social lo compone, qué sendas lo atraviesan, qué tipo de vertebraciones juveniles van a aparecer por allí, qué tipo de realidad asociativa es ya existente en el barrio, qué tipo de espacios ligados a lo juvenil se podrían trabajar…La visión de dimensión de metrópoli yi de barrio se pueden superponer. Lavapiés es un fractal en la metrópolis, que reproducen en distintas proporciones lo que se da a nivel general…

En realidad estás intentando crear finalmente una estructura, de encuentro, en una ciudad de flujos y de tránsito…trabajar unas líneas y no otras porque no podemos enfrentarnos a ciertas cosas sin ideas propias, pero sin que se constituya en algo rígido absoluto.

Yo creo que solamente a partir de la propia composición, de las propias decisiones existenciales que toma la gente que compone el centro social se puede crear conflicto. Lo que no se puede es importar como una lógica de partido donde un aparato piense determinados conflictos que pueda luego exportar a diferentes terrenos, como la precariedad, etc.Por ejemplo el vínculo con los migrantes es difícil, la red de Lavapiés que está interesada en ello reconoce la dificultad. Hay con comunidades enteras con las ni siquiera te puedes comunicar...

Pero tampoco se puede mantener un centro social haciendo cosas que te pillen siempre muy externas, pasa por que los promotores del centro social sean lo suficientemente hábiles para conectarse con las diferentes formas de expresión de autoorganización. El origen de los centros sociales sale como expresión de una determina composición social, no se puede construir en el vacío, incluye que todas las expresiones vocacionales de algún tipo encuentren allí también representación.

:::Acercamientos teóricos a la ciudad, potencias, límites.
Manuel delgado de un lado, Mike Davis por otro...

La sociología crítica del sur de California ha dado muy buenos resultados, la metrópolis de Los Ángeles, el estudio de Las Vegas, y de las ciudades fronterizas, como un espacio innovador, no tanto como formas de expresión cultural, pero sí en relación a los modos de gestión de ese caos, los casos de suburbialización extrema que llevan ya décadas, una ciudad que aunque arrasada no deja de ser fascinante. Por otro lado, fuera de la antropología urbana que también bebe de la Escuela de Chicago, como Manuel Delgado y otros autores de interesantes, del ámbito del urbanismo más oficial no he encontrado nada. Quizás algunos trabajos clásicos como el de Jane Jacobs, “Vida y Muerte de las Grandes Ciudades”, que fue interesante como crítica feroz a las clases medias americanas y como contestación a las técnicas de gestión urbanística, el racionalismo-funcionalismo, de tipo Le Corbusier, las ciudades jardín, que niegan la ciudad como espacio de la diversidad y donde sólo hay riqueza si se es capaz de gestionar y multiplicar esa diversidad.

En cierta medida la intervención en la ciudad da una idea que se tiene de eso que se llama libertad o prácticas emancipadoras y cómo se proyecta en el espacio. Yo las identifico con riqueza y expresión de multiplicación de las singularidades, en todos los campos, sexualidad y formas de relación, hasta modos de expresión económica. El centro social debería proyectar estoy hacerlo consistente en términos de viabilidad y eso es naturalmente es un espacio de conflicto enorme, algo tan inmaterial y etéreo como el copyleft, y los temas de propiedad intelectual, puede tener también expresiones urbanas localizadas en lo físico, los hackers, los centros de medios... Esto último para mí es un ejercicio interesante…


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