"Ideas, números y lápices" [Carlos Verdaguer]

El 25 de noviembre de 2004 realizamos un acto de presentación en la Escuela de Arquitectura de Madrid del número de Archipiélago "Crisis y reinvención de la ciudad contemporánea". Este artículo resume la intervención de Carlos Verdaguer. Al coloquio también asistieron Carolina del Olmo y Emmanuel Rodriguez.

Planteado desde fuera del ámbito exclusivamente disciplinar del urbanismo y la arquitectura, este número de la revista Archipiélago constituye una muy acertada aportación para solventar el déficit de ideas y de análisis políticos que viene aquejando desde hace casi tres décadas a las corrientes dominantes de estas disciplinas, donde la reflexión ha sido sustituida por empalagosos discursos endogámicos y auto-referenciales desprovistos de cualquier conexión con los verdaderos procesos de construcción y vivencia de lo urbano y destinados únicamente a justificar la sobrealimentación icónica imperante. Esto es especialmente grave en un ámbito donde, a diferencia de otras disciplinas cuyo objeto es también la ciudad, el fin último es la intervención directa en ella o el establecimiento de pautas y normas para la intervención aquí y ahora, es decir cuya esencia es a la vez intrínsecamente espacial (“urbs”, “tecton”) y esencialmente política (“polis”).

Podría decirse también, en sentido contrario, que las reflexiones sobre la ciudad llevadas a cabo desde este el ámbito de la filosofía, la psicología, la economía o el análisis político revelan en muchas ocasiones un déficit en lo que se refiere a la comprensión real de las leyes que articulan en la práctica el espacio físico, su construcción y su vivencia: la verdadera importancia de la inclinación del sol en una época del año, de las dimensiones de un lugar para sentarse, del espacio necesario para que dos personas puedan hablar, del comportamiento de un material frente a otro… Lo cierto es que este ámbito, en el que las ideas se ven sometidas una y otra vez a la prueba del fuego del espacio construido, también ha desaparecido paulatinamente como objeto de reflexión dentro del urbanismo y la arquitectura, aparentemente avergonzadas de su esencia “técnica”. La arquitectura y el urbanismo no quieren saber de números ni de herramientas de análisis, sobre todo cuando ponen en cuestión sus hipótesis de partida implícitas.

Y en esto, por el momento y salvo en contadas excepciones, son pocas las aportaciones de utilidad provenientes de la filosofía, la política o incluso de la economía, poco interesada en las dimensiones espaciales y en los flujos físicos. A este respecto es preciso recurrir a otros muchos campos de conocimiento y entre ellos a la ecología, con su comprensión de los flujos de energía, información y materiales, y recuperar y reanudar muchas de las aportaciones conceptuales e investigaciones empíricas que se iniciaron antes de que los lápices expulsaran a las ideas y a los números del ámbito de la arquitectura y el urbanismo. En cualquier caso, esta constatación ratifica la necesidad de mestizaje e hibridación interdisciplinar como única forma de hacer frente a la complejidad inherente del fenómeno urbano.

Esta necesidad de abordar la complejidad con nuevas herramientas, por otra parte, se revela como uno de los hilos argumentales de este número de Archipiélago “Crisis y reinvención de la ciudad”, que aúna en su mismo título el diagnóstico y la solución. Y entre las vías para esta reinvención de la ciudad aparece formulada una y otra vez como fundamental la que apunta a la participación ciudadana, a la imprescindible creación de escenarios de autoorganización que fuercen la intervención y el protagonismo de los ciudadanos en todos los procesos de construcción de ciudad, como única forma de hacer frente a las consecuencias de una crisis planetaria que presenta rasgos fundamentalmente urbanos.

Contemplada desde la perspectiva esencialmente “reformista” de la arquitectura y el urbanismo, esta vía intrínsecamente política, se ofrece incluso como la más eficaz desde el punto de vista “técnico”: en efecto, si se parte de la premisa de que son los ciudadanos quienes poseen el más rico caudal de información sobre la ciudad, el aprovechamiento adecuado de ese “filón” no puede sino ofrecer un campo inusitado de posibilidades para la superación de la actual crisis disciplinar. Esto es algo que los más avisados de entre los defensores del sistema han sabido ver muy bien y el concepto de “participación”, al igual que el de “sostenibilidad” ha entrado a formar parte de los discursos institucionales más avanzados. Denunciar su banalización interesada y crear condiciones para su superación en aras de un concepto menos masticable como es el de auto-organización es la tarea política que se presenta si se desea convertir realmente el urbanismo en un lenguaje común al servicio de los ciudadanos. Pero para esta tarea también es imprescindible el desarrollo de técnicas y metodologías participativas que demuestren su eficacia en el aquí y ahora. En este sentido, la tarea que se presenta es la de ofrecer vías practicables para que los ciudadanos puedan reinventar colectivamente la ciudad y dotarla de una nueva legibilidad auto-construida.

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