El Madrid de las mil lenguas. Subculturas y e(s)teticas de la supervivencia

imaginarios urb

Este proyecto tiene por objetivo generar un mapa mínimo de las experiencias y expresiones culturales juveniles desarrolladas en la ciudad de Madrid al margen de las pautas normalizadas de la “sociedad adulta”. La construcción de identidades juveniles, como marco generacional y de experiencia de amplios sectores sociales es un hecho urbano que seinscribe en las sociedades de posguerra.

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Sobre este presupuesto, se toman cuatro momentos que -por su masividad y su singularidad- son quizás los más originales y representativos de su tiempo. En un primer momento lo que tomaría la denominación clásica de contracultura en las décadas de 1970 y 1980, construida en los círculos culturales juveniles que dinamizaban lugares de encuentro como El Rastro o La Plaza de Dos de Mayo con nuevos modos de comunicación (comics, poesía, renovadas artes callejeras y escénicas), estilos musicales (rock progresivo, heavy, punk, música de autor) y formas de vestir; segundo momento, en paralelo a la hegemonía subcultural de la música heavy y a la fatal experiencia de la heroína en las periferias urbanas de los años 80 dibujaron en las calles y plazas de los barrios del hemisferio sur madrileño, un paisaje social constreñido por una crisis social sin precedentes, como fueron -por citar tal sólo un ejemplo- los conocidos “Hijos del agobio” en Vallecas. Una crisis y desesperación juvenil que cantaban los grupos de la nueva ola hardcore-punk y los grupos gitanos con letras dedicadas al paro, la marginación, la heroína y la cárcel. Un tercer momento, sería el que refleja el movimiento de okupación madrileño en los años 90, un fiel reflejo de una nueva construcción política de las subculturas juveniles crecidas en la crisis barrial vivida en la década de los ochenta donde el hip-hop y la música punk se reencuentran con el compromiso social y la denuncia política. Por último, ligado directamente a los fenómenos recientes de la inmigración, y ya en la primera década del nuevo siglo, sería aquel que agrupa y compone un nuevo sujeto que excede el mundo dividido entre centro y periferia, y añade un factor diferenciador entre los jóvenes que generaran nuevos tipos de socialidad, añadiendo a la composición estética y étnica, la comunidad étnica, donde “the gangs” son, ante todo, un nuevo punto de encuentro y lazo social, una nueva y nuevas subculturas juveniles urbanas.

El proyecto incluye la realización de una web con foros de discusión y un archivo que recoga indistintamente entrevistas, materiales de época, testimonios y estudios.

::::Estado de la cuestión

Casi 40 años, hace ya, que la etiqueta de los cultural studies acuñada por la Escuela de Birmingham en Reino Unido tomase el centro de la investigación sobre los fenómenos cultuales emergentes en las metrópolis contemporáneas. Y entre estos, las llamadas subculturas son una de las más prometedoras conceptualizaciones.

Efectivamente, lo que en Estados Unidos y en Gran Bretaña llevaba desde los años 40 produciendo formas de experiencia juvenil inéditas unos pocos años antes y que tenían primariamente en el estilo (formas de vestir, gestualidad, hábitos musicales, etc.) su materia primigenia, fue definido por estos académicos británicos con un nombre a medio camino entre la degeneración de lo normativo y el underground subversivo, subculturas.

Entreviendo, como entre bastidores, formas de relación y de identidad, que tomaban elementos de la cultura de masas, para recrearlos (subvertirlos a veces) en una suerte de subsuelo permanentemente recuperado.
Las subculturas son ante todo formas de expresión cultural de generaciones jóvenes que de una forma u otro han quedados completamente desplazadas de los parámetros de integración de la sociedad adulta (del stablishment cultural, político, social). Denuncian un vacío, una falta de espacio, de lugar social, de posición y de rol. Este tedioso lugar al que son desplazados y que se podría definir como exclusivo, clasista y racista aparece como inútil, injusto y aburrido a los ojos de los jóvenes de la posguerra mundial.

Las subculturas carecen sin embargo de una expresión política coherente dirigida a la acumulación de fuerza y a la modificación de los ordenes sociales. Las subculturas se conforman con sobrevivir y organizar un hábito propio. De hecho, parecen vivir en la superficie, su materia (no se insistirá demasiado) es el estilo estético y ético, la expresión de una singularidad que conforma un gusto, una manera de entender y una agregación destinada a conformar un nuevo uso de lo común y el cotidiano.

Pero hablar de un estilo no es desde luego lo mismo que hablar de una moda, cada rasgo de estilo opera también en una densa trama de relaciones en la que se imbrican clase, coyuntura generacional y política, raza y género. El estudio ya clásico de Dick Hebdige (Subculturas) demostró precisamente esto a través de un exahustivo repaso de las subculturas británicas desde 1950 a 1980 apróximadamente: teddy boys, skin heads, mods, rastafaris y reaggea, punks...

A pesar de todo ello, la larga trayectoria de este tipo de estudios no ha llegado a tomar forma para el caso de Madrid. El escasísimo material de análisis de este tipo de fenómenos han hecho que evoluciones sociales vinculadas a estos fenómenos no hayan contado a la hora de investigar Madrid desde el punto de vista de la socialidad de gran parte de su juventud, y muy especialmente en los barrios de su periferia: Vallecas, Villaverde o Carabanchel, por citar algunos. Sin embargo, es ya una evidencia que estas comunidades han encontrado en esta ciudad un terreno abonado de expresión, socialización e identidad. Reducidos a la categoría periodística de tribus urbanas, son escasos los trabajos y los proyectos que hayan trabado un lugar de análisis y de encuentro con este tipo de realidades. En la actualidad afrontamos, en el último tramo de estudio y en relación al factor étnico en la conformación de las actuales
subculturas urbanas, un problema similar. Así como las dimensiones éticas de lo juvenil, de los conceptos de comunidad y encuentro en las décadas de los setenta y ochenta fueron reducidas a la categoría de “pasotas” y las de los noventa al rótulo de “tribus urbanas” hoy día suenan con fuerza conceptos como “bandas callejeras” que desde diversos nombres que más que comprender un problema y hacer una inmersión social que sirva para analizar una realidad, tratan de abordar lo juvenil y lo subcultural como problema vinculándolo sólo a cuestiones como la delincuencia urbana y no a un fenómeno de producción cultural contemporánea intrínseco al desarrollo humano de las metrópolis globales.

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