La Tabacalera puede ser una oportunidad para resistirse y experimentar una ciudad de ciudadanos y ciudadanas activas frente a la globalización de los modos de vida que conduce a una pasividad clientelar. "Sin los relatos los nuevos barrios quedan desiertos. Por las historias los nuevos lugares se tornan habitables. Habitar es narrativizar. Fomentar o restaurar esa narratividad es, por tanto, una forma de rehabilitación. Hay que despertar a las historias que duermen en las calles y que yacen a veces en un simple nombre. (...) Son las llaves de la ciudad."
[Michel de Certau "La invención de lo cotidiano".Universidad Iberoamericana. México, 1998.]
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Desde que se supo que la actividad industrial iba a cesar en la Fábrica de Tabacos de Embajadores, ésta, la Tabacalera, ha movido la imaginación de muchos colectivos del barrio de Lavapiés. En 1998/1999 formó parte de una propuesta de recuperación de espacios públicos para iniciativas sociales presentada por la entonces Red de Colectivos de Lavapiés al Ayuntamiento.
Un centro de formación, viviendas asistidas para mayores, viviendas sociales de alquiler, un espacio de experimentación escénico-artística, una ciudad escolar, un centro social autogestionado, con salas de ensayo, espacios de reunión, salas de conferencias, un área de autoproducción en nuevas tecnologías, un área de edición y proyección audiovisual, centro de recursos para los nuevos modos de producción social, etc. Ideas que actualizan buena parte del espíritu y de la historia de este edificio, que fue motor económico y uno de los generadores fundamentales de las formas del lazo social que caracterizaron Lavapiés. La Tabacalera sigue siendo el edificio apropiado para experimentar con un centro integrado de diversas iniciativas y proyectos que sirvan para paliar alguno de los muchos problemas de Lavapiés, con un protagonismo activo de sus habitantes, a la vez que para desarrollar el enorme potencial creativo, el rico y complejo tejido social del barrio y, por extensión, de la ciudadanía madrileña.
En noviembre de 2003, gentes de El Laboratorio en el Exilio y de la Red de Lavapiés propusimos al nuevo Ayuntamiento que la Tabacalera se abriera a las iniciativas sociales y se iniciara un proceso de reflexión público y participativo para decidir el destino final del edificio. No se trataba simplemente de instalar en la Tabacalera una nueva experiencia del Laboratorio, sino impulsar un debate democrático y abierto a los ciudadanos y las ciudadanas sobre qué se debe hacer con este edificio, planteando que el propio debate es de por sí un modo de consolidar un tejido social comprometido con su territorio, una ciudadanía activa, potente, crítica, no clientelar ni sumisa, que no acepta la separación entre, por un lado, la política como actividad profesional y «técnica» y, por otro, las condiciones de la vida cotidiana y las transformaciones de la ciudad. En ese edificio abierto se podía reiniciar la experiencia de un centro social autogestionado que continuara la experiencia de los Laboratorios y facilitar el debate ciudadano sobre la conveniencia social de éste. No hubo respuesta.
Hemos hablado de funcionalidad múltiple y de un proceso complejo y participativo de debate y decisión porque las características de este edificio permiten pensar en él como un edificio que puede responder a numerosas demandas y deseos de los habitantes de este barrio, haciendo de él un proyecto integrado e innovador que cumpla una función dinamizadora -experimental y productiva- de los lazos sociales entre las múltiples comunidades y situaciones de vida que forman el barrio. Y nuestra cultura de ciudad permite suponer que un proyecto en Lavapiés repercutiría necesaria y positivamente en el conjunto de la ciudadanía madrileña.
El edificio de la Tabacalera, rodeado por un andamio que protege a los viandantes de los desprendimientos de fachada, considerado patrimonio histórico artístico, es propiedad del Ministerio de Cultura. Cuando éste estaba en manos del PP, se presentó el proyecto de uso: instalar en Tabacalera dos nuevos museos, de artes decorativas y de reproducciones artísticas, prolongando el eje cultural del Prado. Con el cambio de gobierno parece que la situación no ha cambiado.
En julio de 2004 el Ayuntamiento presentó el avance del Plan Especial de Revitalización del Centro Urbano (PERCU), entre cuyas propuestas se encuentra el Plan de Acciones para el Desarrollo Dotacional donde dice: «Las acciones propuestas hacen especial hincapié en la intervención sobre el espacio público y dotacional de la ciudad, entendiendo su transformación como una herramienta fundamental para estructurar la revitalización del centro urbano. (...) En cualquier caso las acciones no se conciben como propuestas cerradas, sino como bases iniciales para su discusión y convalidación. Se trata en definitiva de detectar posibilidades, áreas de oportunidad y modelos de intervención sobre los que poder avanzar, profundizar y pormenorizar la propuesta urbanística para la revitalización del Centro Urbano.»
Curiosamente, en el documento hecho público por el Ministerio de Educación Cultura y Deporte en febrero de 2004, donde se explica el proyecto para la Fábrica de Tabacos y su justificación, podemos leer que entre sus objetivos está «la revitalización de un área urbana» y que la operación será «de la máxima rentabilidad cultural, social y económica».
Aunque en dicho documento en ningún momento se analiza cómo el proyecto va a contribuir a la mencionada revitalización, ni se hace la más mínima mención al barrio en el que se actúa, mucho menos se hace ningún diagnóstico de éste, aunque sea somero, tampoco aclara en qué puede consistir la rentabilidad cultural, social y económica, ni quienes serán los supuestos "beneficiados"...
Y sin embargo el Ayuntamiento no ha tenido en cuenta la Tabacalera en el PERCU, no la ha considerado una «posibilidad» ni una «oportunidad» para la revitalización de Lavapiés. Y eso a pesar de que así lo considera expresamente el Ministerio de Cultura, y que así se lo manifestamos nosotr@s ya hace un año, y que es el último gran edificio público con que cuenta Lavapiés, y que cualquier cosa que se haga con el edificio incidirá decisivamente en el barrio.
Parece que la administración se resiste a que se produzca un debate público sobre la Tabacalera. El nuevo Ayuntamiento del PP parece que prefiere las reuniones reducidas y la pomposa declaración pública, el nuevo Ministerio de Cultura del PSOE de momento no dice nada.
La política cultural y urbanística de espectacularización de la vida, la creación de una ciudad o una imagen de la ciudad articulada en torno al consumo, al ocio, al turismo, a los servicios privatizados busca reducirnos al anonimato, separarnos de las decisiones, hacernos súbditos pasivos, espectadores de la vida, nunca protagonistas de la ciudad. En una ciudad ajena, gobernada por fuerzas que se quieren invisibles, la vida social desaparece, la vida es un asunto individual que los representantes políticos se encargan de gestionar, sumergiéndonos en luchas por la vida -más integrados, felices en nuestra soledad, conectados al trabajo dependiente y precario y sus tiempos de vida, hipotecados- que no nos interesan.
La Tabacalera puede ser una oportunidad para resistirse y experimentar una ciudad de ciudadan@s activ@s frente a la globalización de los modos de vida que conduce a una pasividad clientelar.
Estas son algunas de las razones por las que queremos impulsar el debate sobre el derecho de uso ciudadano de la Tabacalera. Por eso iniciamos una serie de encuentros y acciones que nos permitan pensar cómo abordar el trabajo de recuperación social de este edificio.
Porque la imaginación de Lavapiés vuela sin permiso.