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"El derecho a la ciudad" (en el debate Tabacalera) [Isabela Velázquez]

El 12 de abril se realizó una jornada de discusión en la Kasa Karakola, para presentar el proceso de mudanza del Centro Social y para debatir el uso final de la antigua panadería que hasta el momento venían ocupando, también para pensar qué sucede con los edificios que tienen un valor social e histórico para el barrio, poniéndolo en relación con el proceso de La Tabacalera a Debate. La propuesta de Isabela Velázquez de desmontar la visión que se tiene de la ciudad como proveedora de servicios parciales frente a la reivindicación del espacio urbano como un conjunto completo al que tenemos derecho, enlaza directamente con la crítica a la toma de decisiones sobre el desarrollo de las ciudades, tal como se puede ver en los documentos de La Tabacalera a Debate.

::::Intervención de Isabela Velázquez

A mí parece una discusión importante porque tiene que ver con un tema de dignidad del barrio y de conexión con la gente que no está. Siempre estamos diciendo: hay unos colectivos que estamos trabajando, pero no se logra conectar con el resto del barrio, y esta puede ser una manera de entrar en contacto con esta gente, y más en un caso como éste, donde se reivindica un espacio donde se desarrollaba un trabajo femenino que no está reconocido.
Yo creo que el problema que hay ahora en este barrio, que es un barrio que tiene sus problemas, pero tiene algo, que es centralidad, que se traduce en rentabilidad económica. Eso hace que los procesos de renovación, que son sumamente rápidos, no solamente no entran en lo que la gente quiere, no entran en decidir nada, sólo dan solución a unos temas que ,digamos, se adoptan como urgentes por la sociedad, como: se necesitan viviendas para los jóvenes. Sí, se necesitan vivienda para los jóvenes pero el que se hagan muchas viviendas en Lavapiés no significa nada, si se hacen tan caras como las que se están haciendo no sirve para nada. En realidad Lavapiés está llena de viejos con lo cual vivienda para jóvenes va a haber, el problema es que la gente pueda acceder a ellas. Entonces, que el que se necesiten viviendas para jóvenes se convierte en el argumento para que se haga un plan de rehabilitación del centro que lo único que quiere es meter miles de viviendas dónde sea, de la manera que sea, saltándose la memoria, saltándose la identidad, saltándose la coherencia de la estructura de los espacio públicos que hay en el barrio. Y es un argumento terrible, porque es un argumento con el que todo el mundo está de acuerdo, porque si te dicen: "queremos destrozar el barrio porque hay que especular", la gente se hecha las manos a la cabeza, pero si te dicen: "queremos destrozar el barrio para hacer viviendas para jóvenes", pues todo el mundo aplaude, incluso a los partidos de izquierda se les escapa y aplauden cuando se presentan este tipo de cosas.

Entonces ¿qué es lo que va a pasar? (me parece que Eduardo [Gutiérrez, de la Red de Lavapiés] se lo tiene estudiadísimo), pues que aquí caben no sé cuántos apartamentos, que este edificio se derribará y a lo más que se podría llegar es a que se ponga una placa diciendo que aquí hubo una panadería o que aquí estuvo la Karakola [risas], porque son metros cuadrados edificables, y da igual que se quite el sol a las casas de enfrente, da igual que el perfil de [la calle] Embajadores se pierda y con él la memoria de lo que podía ser un casco antiguo construido [es el último edifico de esta época que queda con su altura y tipología original], da igual que la cota de las plazas suban o no, lo único que vale es que esto es construible y que aquí hay una rentabilidad. Aquí en este sitio en el que estamos [el patio de la casa, con árboles y solecito primaveral] hay una rentabilidad latente que es como los monstruos de las películas de ciencia-ficción, que ahora ya estará empezando a levantarse después del letargo de los años que lleváis ocupándolo y que se transformará en los apartamentos que va a haber en este lugar.

La verdad es que a mí me ha resultado muy sugerente lo que decía Paloma, porque lo que hay que poner en valor, en lo que nos podemos apoyar en este barrio es en su carácter de laboratorio del Madrid de dentro de veinte años, o toda España de dentro de veinte años. Porque realmente lo que está pasando aquí, hasta con los chinos, se extenderá a otros sitios en el futuro, y por otra parte tiene algo muy importante: que hay una cierta estructura social, que hay tejido, que hay iniciativa, que es algo que desde los poderes no se considera pero que sin embargo es lo que hace, seguramente, que este barrio no sea un barrio no-way, de esos en los que no se puede entrar, como hay otros muchos con los mismos ingredientes en toda Europa. Pero la otra tendencia es que como tiene una cierta centralidad, tiene rentabilidad y todo es construible, que es lo único que vale.

Entonces, hay que luchar por la dignidad, el tema no es luchar por lo de siempre, es decir: necesitamos equipamiento, necesitamos zonas verdes, necesitamos esto o lo otro. Las típicas reivindicaciones de asociaciones vecinales, que también, sino por la dignidad de todo ello junto. Que no aparezca un plan de transporte más o menos bueno, y entonces solucione el tema del tráfico, o se reivindique una plaza y al final consigas que la plaza sea un poquito mejor y que pongan tal cosa, sino reivindicar que toda estructura de espacios públicos tenga una dignidad y una calidad, que no sea solamente la Tabacalera sino que sean todos los centros que están funcionando. En el fondo yo interpretaba lo que Paloma Candela estaba diciendo como un reconocimiento de tod*s l*s vecin*s, que en parte están viv*s y en parte no, reconocimiento de l*s que vienen de fuera, reconocimiento de l*s que están trabajando, reconocimiento de tod*s y que ese melting-pot sea la base de un proyecto para el barrio.

De todas formas me da un poco de no sé qué hasta hablar porque creo que en el fondo es lo que estáis haciendo, la gente que estáis trabajando [en el barrio] Pero en relación a este edificio, está claro el sacrificio en aras de esta rentabilidad elevada y brutal, que es el motor que mueve todo. Es el motor que mueve la promoción inmobiliaria privada en Madrid, pero también es el motor que mueve hasta los planes de rehabilitación que se proponen desde lo público. Todo es siempre lo mismo: buscar alguna excusa para crear esa aceleración que permita conseguir rentabilidad económica de cada espacio, de cada esquina, y luego ¿qué espacios, qué edificios que tienen un valor importante como identidad, como historia se rehabilitan? pues aquellos que pueden dar rentabilidad. La cultura es el argumento para poder sacar una rentabilidad. Si un edificio, una fachada, puede ser la base para hacer un centro en el que la gente pague para entrar, probablemente se rehabilitará, sino no. O es rentable o no es rentable, ése es el único argumento. El otro argumento es el de decir: tenemos derecho. No solamente tenemos derecho a una vivienda, sino que también tenemos derecho a la ciudad, y a una ciudad cómoda, digna, donde podamos tener críos o donde podamos envejecer, donde podamos estar sin un duro o donde podamos tener una casa pequeña y tener que salir, como decía Paloma, a la plaza. Y esto es un derecho que no es contradictorio con el derecho a la vivienda, porque si no parece que tenemos: derecho a la vivienda, o derecho a no tener ruido, o derecho a un parque, pero no, tenemos derecho a todo, tenemos derecho a la ciudad como todo el conjunto, tenemos derecho a ver cosas bonitas, a que las calles no estén atascadas, al conjunto de lo que significa la ciudad, hasta a su memoria.

En ese sentido quería recordar algún trabajo que hizo Dolores Hyden en Los Ángeles que me parece especialmente bonito, que eran recorridos por la ciudad con las mujeres invisibles, con mujeres negras que habían vivido toda su vida en LA pero que no tenían ningún símbolo en la ciudad que recordase su presencia, sus lugares, dónde tenían que trabajar, dónde tenían que lavar, entonces hicieron una serie de recorridos, de exposiciones, de reivindicación del espacio por parte de las menos visibles de la ciudad. Porque el en fondo en LA los gays tienen su espacio, eso se ve, el poder, por supuesto, la Iglesia, que para ser una organización espiritual es bastante material, tiene las catedrales. Éste es un trabajo muy bonito que a lo mejor es replicable en el barrio de Lavapiés, a lo mejor se puede relacionar con la Tabacalera. Ver esos otros itinerarios, esa otra ciudad de la gente que no tiene poder y que por lo tanto no ha podido manifestar en piedra, o por lo menos en una loseta en la fachada, su historia.

Me parece más interesante que habléis vosotr*s porque una teórica de mujer y ciudad creo que no procede. El diagnóstico que yo hago es ése: cómo nos podríamos oponer, al menos con el discurso, a esta absoluta rentabilización, a que sea la rentabilidad el único motor que transforma la ciudad en estos momentos.


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