CS Eskalera Karakola

Entrevista realizada a Sandra, Silvia y Maggie, de la Eskalera Karakola en enero de 2004 teniendo en cuenta todo el proceso que ha llevado al desalojo y cesión de otro espacio para el centro social. En el texto se explica brevemente dicho proceso y se reflexiona sobre los problemas y retos del centro social.

“Una escalera hay que saber a dónde lleva. Aunque hay que construir escalón a escalón, no puedes hacerlo sin saber a dónde la vas a hacer llegar.”

La eskalera Karakola es un proyecto, una kasa de mujeres, un espacio para el pensamiento colectivo.

En noviembre de 1996 se okupó un edificio abandonado en el número 40 de la calle Embajadores, como respuesta concreta ante el fenómeno atroz de la especulación que en el céntrico barrio madrileño de Lavapiés. Se respondía así a la creencia firme en otra forma de entender el urbanismo, el espacio construido desde, para y por mujeres.
Desde su okupación, en ese edificio se ha invertido muchísima energía para rehabilitarla frente al deterioro por el abandono que venía sufriendo y que obligó a los bomberos a intervenir para evitar su derrumbe.
Durante 7 años los propietarios del edificio aceptaron su uso por parte de las mujeres de la Eskalera. Ese centro social estuvo ofreciendo un lugar para la experimentación de formas de acción política desde, por y para mujeres y se vivió el lugar no como espacio indiferenciado: al cuidar un espacio, éste te domestica. Vale mucho más.

Con la idea de hacer estable en el tiempo un proyecto político tan potente como éste, las mujeres de la Eskalera decidieron escribir el proyecto que querían para la casa de Embajadores. Fue la salida hacia adelante de una crisis que planteaba la necesidad al colectivo de buscar una FIGURA LEGAL que les permitiera salir de la ilegalidad y pensar caminos para rehabilitar el centro de mujeres.
El proyecto fue la elaboración (ardua) colectiva de una estrategia que les pudiera permitir la rehabilitación de la casa para poder ser habitada dignamente con su proyecto político y romper con la lógica de la precariedad que implica el estar siempre pendiente de un desalojo, de la ruina de la casa…
Era eso, o abandonar.

::::Negociación, desalojo y cesión de nuevos espacios

Una propiedad despreocupada durante siete años por el estado de la casa, decide denunciar a las chicas en enero de 2004.
Los propietarios de un inmueble tienen la obligación de evitar su deterioro. En caso contrario, la Administración puede expropiarlo (pagando un justiprecio, pero éste es un procedimiento que no se lleva a cabo. La negociación es ardua y laberíntica.
Las chicas de la Eskalera, abaladas por un proyecto social, una propuesta, una trayectoria, y el beneplácito (hasta entonces) de la propiedad, se enfrentan a un juicio. Sólo por presentarse tienen que pagar un dinero inasumible para ellas.
Con el proyecto como base para la negociación, las mujeres de la Eskalera habían iniciado conversaciones con la sección de asuntos sociales de la EMV (Empresa Municiapal de la Vivienda) buscando la negociación de una posible (aunque no probable) expropiación o compra de la casa (un procedimiento más rápido que el de expropiación) para su cesión a las chicas.

El mes de mayo de 2005 se lleva a cabo el desalojo, a pesar de todo el proceso de resistencia de las mujeres de la Eskalera y de los múltiples apoyos con que contaron.

La EMV les cede dos locales en la misma calle Embajadores, pero asegura que habrá un centro social cedido en el barrio de Lavapiés en un plazo aún indefinido.

::::Una forma de organización. EL bioempresariado como tendencia.

Como tantos C.S., la Karakola afronta con dificultad la relación entre los proyectos que habitan la casa, y la comunicación y común-acción entre ellos. Son conscientes de que esos proyectos no tienen porqué asumir la gestión de la casa, pero es primordial que la información circule. La propuesta de una asamblea cada dos meses en que todos los proyectos participen se plantea como una posibilidad (no practicada).La gran dificultad parte de la debilidad tanto de ellas en este momento como de los otros proyectos que habitan la casa.
Dada la escala de la eskalera hasta ahora, no se plantean grandes problemas de “usuarias” que no aportan nada o desconocen el centro, ni existe la posibilidad de la “invasión de lo social” (no hay enormes praderas que invadir). Además durante los años en que ha funcionado el centro, ha tenido un horario y una serie de actividades concretas.
El mayor problema es poco número de gente implicada en la gestión del espacio. Por ahora, esas pocas personas (con los dedos de las manos las cuentas y te sobran), han asumido un exceso de tareas. Y la edad apremia, el cansancio y hay vidas que cuidar…

El autoempleo, basado en proyectos concretos, definidos, por los que se pagaría, haría sostenible el centro social. No estamos acostumbradas a cobrar por hacer lo que nos gusta… sin embargo, no hay manera de hacer un proyecto social sostenible sin tener en cuenta la financiación.

::::Lavapiés y lo global.

La karakola ha estado vinculada a proyectos feministas que se llevan a cabo en otros lugares del Estado y de Europa, y quizá su mirada estaba desviada de los problemas concretos de Lavapiés. El centro social en un momento dado hizo una encuesta a las mujeres del barrio para saber cuáles eran sus necesidades y plantear cómo poder saldarlas desde la Eskalera. Las respuestas pasaron por encima sus expectativas: desde mujeres extranjeras que trabajan en el servicio doméstico que plantean que las pocas horas que les quedan libres en la semana no la quieren pasar ni por asomo en un C.S., hasta las mujeres ancianas que ya no se reconocen en un barrio transformado que las aparta.
¿Acaso desde el Centro Social se les puede ofrecer algo que las devuelva en alguna medida el sentido de pertenencia?


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